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Crónicas del Bicentenario: La Expedición Arenales: La Marcha de los Valientes – 1ra. Etapa – de Pisco a Ica

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En tiempos del coronavirus, y afrontando una cuarentena forzosa, con la incertidumbre de tener amigos y familiares varados en algún lugar del país o en el extranjero, repasamos algunos pasajes de nuestra historia regional, en el marco de este año 2020, cuando vamos a conmemorar (con virus o sin virus) el Bicentenario de la Independencia de los territorios que hoy conforman la región Ica.

Recordamos aquel 8 de setiembre de 1820, el histórico desembarco de la expedición libertadora del General San Martín en la bahía de Paracas, en nuestra hermana provincia de Pisco. Y luego de instalar su cuartel general y del fracaso de las negociaciones con el Virrey del Perú, Joaquín Pezuela, el joven, pero veterano militar argentino, José de San Martín, ordenó a su paisano, otro bravo y experimentado militar, Juan Antonio Álvarez de Arenales iniciar la marcha de los valientes, atravesar el desierto iqueño, combatir con los ejércitos realistas y dirigirse a la sierra para tomar Huamanga, Cerro de Pasco, Jauja, Tarma y Huancayo.

El 4 de octubre de 1820 se inició la marcha de la División Libertadora del Sur con dos mil soldados veteranos, entre chilenos y argentinos, y mil soldados peruanos, entre pisqueños, iqueños, palpeños, nasqueños y chinchanos, que habían solicitado el alta en el Ejército Libertador de San Martín.

El 6 de octubre llegarían a Ica, de donde el ejército realista, al mando de Quimper, había fugado y el pueblo iqueño recibió con alegría a la División Libertadora, atendiendo y alimentando a los soldados, armando y reforzando a una formidable caballería, infantería y artillería.

Luego de las primeras victorias del ejército patriota, el 7 de octubre en Palpa, el 15 en Changuillo y Nasca, el 16 en Acarí; el 21 de octubre de 1820, el pueblo iqueño se atrevió a proclamar su independencia, decisión que tendría sangrientas represalias meses después, durante la Guerra de la Independencia.  

Aquel 21 de octubre de 1820 San Martín creaba la primera Bandera del Perú, mediante un decreto emitido en el cuartel general de Pisco; y, ese mismo día, en la plaza de armas de la ciudad de Ica se creaba el Escuadrón de Caballería “Auxiliares Patriotas de Ica”, la primera unidad del Ejército del Perú, escuadrón integrado por los mejores jinetes chinchanos, pisqueños, iqueños, palpeños y nasqueños; jinetes de todas las razas -blancos, negros, mulatos, indios, mestizos- y de todas las clases sociales.

Y al mando de este primer escuadrón peruano el legendario capitán argentino José Félix Aldao, fraile y soldado, que más adelante se convertiría en el mejor organizador de guerrilleros y montoneros del Perú, y brazo ejecutor de Arenales y de San Martín.

A falta de pinturas o grabados  de esa época, apelamos a nuestra frágil memoria y recordamos las imponentes imágenes registradas en las competencias del Rally Dakar de los últimos años, competencias internacionales realizadas en nuestra región, con filmaciones y fotografías full HD y 4K; captando la majestuosidad del desierto iqueño, gigantescas dunas de arena, de colores amarillo, crema, dorado y sus miles de matices; una ruta de alto riesgo que hace 200 años recorrió un puñado de valientes patriotas, soldados argentinos, chilenos y peruanos, al mando del coronel mayor Juan Antonio Álvarez de Arenales. 

De Pisco a Ica

Esta parte de la costa es una de las más difíciles de recorrer con tropas. El calor y la arena son un verdadero y rudo obstáculo, sumado a la falta de agua y de lugares de reposo. La distancia, por el camino más corto, es de 75 kilómetros.

La marcha hubo de ser penosa para estos soldados no acostumbrados a topografía y circunstancia tan hostiles…

Arenales en comunicaciones oficiales da cuenta de ella así:

Chunchanga, casa de Vernales, 5 de octubre de 1820

Señor don José de San Martín:

Mi general:

El cómputo de estas gentes en las distancias es muy distinto del nuestro; y así la jornada de ayer, que regulaban de cinco a seis leguas, es sin duda de nueve muy largas. Por esto, por el ningún hábito del batallón número 2 en marchar cuando sus oficiales no habían cuidado de que comiesen, y por otras circunstancias imprevistas menos notables, llegamos anoche muy tarde y dificultosamente a este punto, pero por fortuna sin pérdida de soldados ni otra cosa, que es lo principal.

Son las doce del día y ya se nos ha reunido la primera partida de cargamento y la artillería. Trato de dejar escoltados estos intereses en esta con un piquete de los oficiales y soldados que han llegado fatigados y algo enfermos, para que con el descanso se pongan en aptitud de seguir con el cargamento con oportunidad cuando yo avise; y en consideración a que los enemigos no nos sientan, si no nos han sentido, nos esforzaremos en salir esta tarde y avanzar en toda la noche sobre Ica, con el designio acordado. Fundadamente temo el no poder llegar a la hora meditada, por la gran distancia que falta, si la comparamos con la andada, más no se nos quede el resultado por falta de diligencia, pues de cualquier modo creo sería lo peor, el que con nuestra parada se diese lugar a la total desolación de aquel paraje…

Caminó el pliego consabido: mi conductor con su baqueano debe volver a encontrarnos esta noche. Celebro la llegada de nuestros diputados: celebraré más la conservación de la salud de usted y que siempre disponga como guste de la verdadera voluntad de su atento y amantísimo Q.B.S.M

Juan Antonio Álvarez de Arenales

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