COLUMNA : Asertivo arribo de hace 450 años en nuestras tierras

Altar mayor del Senor de Luren

La Iglesia Católica señala que el 25 de febrero de 1560 fue la llegada del Cristo Crucificado Señor de Luren a estas tierras.

Si esto es así, conviene revisar la historia con caracteríscas propias, distintas a  otras partes del país, tratándose de la polémica  colonización.

El compañero de Pizarro, Nicolás de Ribera y Laredo, apodado “El viejo”, se había instalado con suficiente antelación en nuestro valle el 01 de setiembre de 1534, es decir 36 años antes, para hilvanar acciones, interpretando mandatos de España, cristianizando a los indígenas de estos lares. “El viejo” no vio la imponente imagen, pero los 29 años que estuvo intercalando sus funciones como alcalde en Lima y la apacibilidad de Hurin-Ika fue un tiempo bien aprovechado para arribar hacia el objetivo. Nicolás falleció el 01 de febrero de 1563, siete años antes del arribo legendario que ahora recordamos en asertiva y afortunada permanencia.

Aquí fue la cueva estratégica, desde donde se trazó una gestión política conciliadora. La vasta zona agrícola trabajada por los yungas no era motivo para dejarse arrastrar por enfrentamientos de la cúpula. Lo suyo fue aprender a entenderse bien con los yungas.

Hurin- Ika, proveniente del quechua, era, en efecto, la parte baja del valle.

Hurín pasa a pronunciarse como Luren y allí parte el nombre que poco a poco se va convirtiendo en sólida devoción. El culto entonces al Señor de Luren, además de una fecha, es una construcción sociológica sui géneris en América. Es la oportunidad de mirarnos como en una radiografía. Somos partícipes en  una suerte de película, porque nuestros antepasados supieron canalizar la religiosidad popular, afianzando progresivamente una cercanía espiritual, un contacto permanente de halo divino.

El extinto periodista Pedro Pablo Flores Medina, en la década de los setenta (1970, hasta su fallecimiento en 1989) en la desparecida Radio El Pueblo que iniciara las transmisiones radiales de la procesión de nuestro Cristo de Luren, le denominó apropiadamente: protector de la ciudad.

Volvamos a los años previos a 1570. Se había avanzado con obras tangibles, pintando su carisma. Nicolás había propiciado la construcción del hospital de Hurin-Ika. Como compañero de Francisco Pizarro en la aventura de la Isla del Gallo, esa lealtad le fue devuelta hartamente, recompensándolo en la administración de la muy rica encomienda que comprendía el Valle Bajo, hasta Ocucaje, donde fijó su residencia frente al antiguo Tambo de Los Incas, llamada “La Venta de Chagua”, fundando en 1560 la primera Parroquia de Santiago de Luren, que no es el lugar donde ahora funciona el santuario recientemente reconstruido, luego del terremoto del 15 de agosto del 2,007.

Ribera se llevó muy bien con los yungas, permitiendo que los gobernados vuelvan a ser dirigidos por sus curacas, por eso Hurin -Ika  fue el primer cabildo indígena en el Virreynato del Perú.

De la tormenta marítima al incendio

Los frailes franciscanos de Lima fueron los interesados en mandar confeccionar imágenes a España, el año 1560.

Las imágenes solicitadas fueron embarcadas con dirección al Perú. En plena travesía, por causas desconocidas se presentaron tormentas en altamar, frente a nuestras costas, poniendo en inminente peligro la embarcación y la tripulación. Ante el percance, el capitán mandó arrojar todos los bultos pesados al mar a fin de mantener a flote la nave.

La inesperada tempestad, acompañada de truenos y relámpagos que  habían aflorado, se calmó como por designio de Dios, volviendo el sol a irradiar sus benefactores rayos.

Finalizada la temida borrasca, emerge de las agitadas aguas cantidad de fardos que son recogidos por los pescadores artesanales y llevados al puerto del Callao. En esos bultos se encontraban las imágenes que posiblemente habían sido pintadas por Miguel Ángel. Los religiosos capitalinos las habían dado por perdidas.

En 1570, el padre Francisco de Madrigal, enterado de la situación de las imágenes, viajó a la actual capital de la República con el fin de conseguir una y trasladarla a Ica. A pesar del alto costo solicitado, compró una de ellas y retornó, embarcando previamente la escogida imagen en el Callao, con destino al puerto de Pisco. En este lugar se contrata a un arriero para  trasladar la imagen a lomo de mula hasta la ciudad iqueña.

En el trayecto sucede que el hombre desaparece y la mula, sin guía, se extravía en el desértico lugar, siendo encontrada después por unos cazadores cerca de la Villa Valverde.

Grande fue la sorpresa para estos hombres al acercarse al animal, constatando que el fardo atado a su lomo contenía la milagrosa imagen del Señor de Luren. De inmediato comunicaron a las autoridades religiosas acerca del extraordinario hallazgo.

La sagrada efigie fue llevada con dirección al convento franciscano, pero el animal que la transportaba, después de recorrer unos metros no quiso avanzar más. Siendo en la actualidad, el hermoso templo de Luren, edificado en el mismo lugar donde la acémila se plantó.

En junio de 1918 el templo se incendió, destruyendo la mayor parte al Cristo Moreno, siendo reconstruido en el taller del señor Jesús Silva, quien, con el aporte de los artistas Francisco Caso y Alberto Cierralta Herrera, restauraron el cuerpo casi carbonizado del patrón de la ciudad.


Por: Luis Ignacio Aquije

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