Homenaje a Valdelomar

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Poeta, escritor, diplomático, eximio orador, político y periodista

A bordo de un colectivo de la ruta Ica – Parcona – Tinguiña, compartí una alegría inmensa con el chofer y los pasajeros, al escuchar por el receptor que el Club Deportivo “Abraham Valdelomar”, jugando de visitante en Iquitos, lograba un valioso empate de 1 a 1 con Universidad Nacional de la Amazonía (UNAP). El crédito iqueño ingresó con buen pie a los cuartos de final de la Copa Perú 2003 y este fin de semana juega en el estadio municipal José Picasso Peratta para definir su condición de finalista.

Mientras esperamos el trascendental encuentro de amazónicos y yungas, recordemos a nuestro insigne escritor iqueño, que falleció el tres de noviembre de 1919, en la ciudad de Huamanga, Ayacucho.

Nace el autor de El Caballero Carmelo

El más grande y fino narrador de la novelística peruana, Pedro Abraham Valdelomar y Pinto, nació en Ica el 16 de abril de 1888 y falleció trágicamente a los 31 años, en la cúspide de la fama.

Al cumplir los cinco años de edad, Abraham y su familia se trasladan a Pisco, y a los 11, ingresa al Colegio Guadalupe (Lima), pasando luego a la Universidad Mayor de San Marcos, cursando el primer año de Letras (no terminado).

Comenzó su carrera artística como caricaturista y, con su maestro, Málaga, durante cuatro años llenaron de dibujos todos los periódicos ilustrados de Lima. Luego dejó la caricatura para dedicarse a las letras.

Dedicado con vehemencia al periodismo en el Diario La Prensa y en casi todas las revistas capitalinas, lo sacó de ahí la campaña política que llevó al poder al presidente Billinghust.

Valdelomar fue secretario de aquel hombre público hasta su llegada al poder en 1912. Abraham tenía 24 años y llegó ser director del Diario Oficial “El Peruano”, puesto que dejó para ingresar a la carrera diplomática como secretario de la Legación del Perú en Italia.

Pasó un año en Europa. De regreso al Perú continuó su labor como periodista, poeta, escritor y conferencista, recorriendo el país tratando de ilustrar a las mayorías, con temas de arte, educación y patriotismo. Su vibrante oratoria, y lo sustancial de sus temas, lo convierten en una leyenda viviente y ya todo el Perú habla de él.

Es elegido diputado regional por Ica, cargo que cumplió acertadamente, hasta antes de su muerte.

Su personalidad

Muchos biógrafos de Valdelomar “El Conde de Lemos”, coinciden en que tenía una actitud de egolatría, individualismo, arrogancia; razón por la que muchos periodistas y escritores “limeños” le odiaban, pero a la vez le respetaban, pero no aceptaban que un provinciano sea más famoso que los capitalinos. Dos grandes de las letras peruanas, César Vallejo y Luis Alberto Sánchez, contemporáneos de Valdelomar, nos describen los rasgos de su personalidad:

Vallejo y Valdelomar

César Vallejo publicó en “La Reforma” de Trujillo, el 18 de enero de 1918, una entrevista que le hiciera a su famoso colega “El Conde de Lemos”, con el título: “Desde Lima: con el Conde de Lemos”, y transcribimos un fragmento:

Vallejo: “…el autor de “El Caballero Carmelo” se pone a leer y yo escucho con íntima fruición los primeros trozos del próximo libro que será una de las obras más serias y más robustas de Valdelomar! ¡Estupendo Conde! ¡Soberbio! y él sonríe; y yo le emplazo ¡es necesario que usted dé a los periódicos esto, antes de la edición! …y siempre afilando un gesto de tedio en las comisuras de sus labios pálidos, me responde:  ¡…pero sino me comprenden!….

…Hemos dejado los jardines y regresamos. El jirón central está en su hora. La noche gana. Las confiterías iluminadas, los lujosos coches particulares, los dandis y las mujeres bonitas, es el momento más amable, frívolo y elegante y, sobre todo, más elegante de la vida limeña…. y me advierte el Conde de Lemos, con una sonrisa de fina ironía que acaso es lamento, …. ¿Cuánta gente que no piensa, no?

Luis Alberto Sánchez y Valdelomar

El Maestro, Luis Alberto Sánchez, o simplemente  LAS, publicó un artículo en 1918, con el siguiente título: “Entre el buen gusto y la arrogancia”, del cual tomamos unas líneas: “….Entre el buen gusto y la arrogancia, Abraham optaba por lo segundo…poco después de la publicación de “El Caballero Carmelo”, oí decir refiriéndose a las críticas de que era objeto: “Querido Sánchez, si para llamar la atención tuviera que salir vestido de amarillo, lo haría sin titubear ¿o cree usted que un zambo como yo atraería de otra manera la atención de estos cholos gordos, espesos y universitarios de su Lima…? ”

En una entrevista que le hiciera un diario capitalino, Valdelomar responde lo siguiente:

Periodista: ¿Es usted limeño? Valdelomar: “No, Soy de Ica. Me crie en los campos, corrí de niño bajo la sombra de los viñedos ubérrimos, en los valles fecundos, bajo el sol vibrante de un cielo hondo, azul, lleno de estrellas y de ideas…”.

Otra actitud que nos grafica la personalidad de Valdelomar, impregnada de identidad iqueña, orgulloso y altivo.

Su producción

Escribió innumerables poemas, entre ellos, “Tristitia”, “El hermano ausente”; escribió novelas, cuentos y ensayos, como La Ciudad de los Tísicos (1911), novela; La Ciudad Muerta (1912), novela; Yerba Santa, El Vuelo (1912), tragedia; La Mariscala (1915), historia; Los amores de Pizarro (1915), historia; Los Hijos del Sol (cuentos incaicos); El Caballero Carmelo (1918) cuentos; Belmonte el trágico (1918). Dictó más de 50 conferencias en el norte y sur del país, entre marzo y noviembre de 1918.

Obras premiadas: Con la Argelina al Viento, crónica de la vida militar siendo soldado durante el conflicto con el Ecuador; Medalla de la Municipalidad de Lima, 1911; El Caballero Carmelo, Primer Premio del Concurso Literario del Diario La Nación, 1914, etc.

La muerte de Valdelomar

Lo que hoy llamamos “Congreso de la República”, en el año 1919 era mejor conocido como “Asamblea Nacional”, y sus miembros realizaban congresos regionales. El Congreso Regional del Centro se iniciaría el primero de noviembre de 1919, en Huamanga – Ayacucho, y el diputado regional por Ica, Abraham Valdelomar, presentía algo malo y lo comentó a muchos de sus parientes y colegas diputados.

El viaje en tren de Lima a Huancayo afectó su salud por un fuerte soroche, y luego, de Huancayo a Ayacucho, a lomo de bestia, también el viaje se tornó en una tortura para el ya debilitado organismo de Valdelomar. El 31 de octubre, luego de cuatro días de viaje, llega la comitiva oficial a Ayacucho. Los diputados de diversas provincias del Perú son recibidos por el pueblo ayacuchano. Valdelomar, en especial, es objeto de la simpatía de las diversas clases sociales que acuden a su alojamiento del Hotel Cosmopolita a darle la bienvenida.

Esa noche se instala la junta preparatoria y Valdelomar es elegido secretario del Congreso. Al día siguiente se instala el congreso y, durante su labor, le notan a Valdelomar señales de nerviosismo y cansancio. Al término de la sesión se retira a su habitación acompañado de sus colegas, pero llega un oficial del Ejército a invitarlo a comer, en nombre del coronel Bonilla.

Para no desairar a los oferentes, Valdelomar acude a la cena en el Hotel Bolognesi. Saluda a todos los presentes y luego de un momento se excusa para ir al sanitario. Su demora preocupa, lo buscan de inmediato, y lo encuentran en el piso, de espaldas, quejándose de fuertes dolores a la columna.

Su dolorosa agonía la describe su colega Enrique Gamarra, diputado por Lima: “…desgraciadamente, su estado se agravaba por momentos. Pasamos así todo ese día y al día siguiente, tres de noviembre, cerca de las dos de la tarde, expiró en nuestros brazos…”. El congreso suspendió sus actividades y la Asamblea Nacional publicó una moción especial oficializando la muerte Valdelomar, generando consternación y pesar en todo el país.

El vigoroso pueblo ayacuchano tuvo el privilegio de organizar las exequias y el cortejo fúnebre que fue el más grande, multitudinario jamás visto. Hasta en su muerte, Valdelomar no dejó su estilo de ser una personalidad atrayente, arrastrando multitudes, voluntades. Pero esta vez, no fue su verbo…tan solo bastó…su silencio.

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