Pros y antis: necedad e intolerancia escrito por Raúl Bravo Sender

El novelista Mario Vargas Llosa ha expresado que el presidente de la República, Martín Vizcarra, hizo bien en disolver al Congreso de la República. En su reciente artículo: “Del desorden a la libertad” (La República, 06.10.19), explica las razones por las cuales le ha manifestado su respaldo. Y de su artículo se colige que le traslada al fujimorismo toda la responsabilidad de la actual crisis política.

Particularmente, no soy ni pro ni anti fujimorista o izquierdista, pero creo que es un error atribuirle toda la culpa a dicho bloque político. Es más, desde este espacio reiteradamente denuncié la actitud obstruccionista de la mayoría parlamentaria fujimorista, la cual desaprovechó la oportunidad de hacer bien las cosas gracias al inmenso poder que el electorado le confió.

Así como también en su momento cuestioné lo que me pareció un irresponsable proceder del gobierno, de fundar su popularidad en una innecesaria confrontación con el parlamento. Es decir, detrás de mis ideas nunca ha estado el prejuicio de ser anti o pro de algo, sino simplemente mis convicciones de defender lo que considero justo y legítimo, en este caso, la institucionalidad democrática.

Pero de allí a justificar la radical medida de disolver al Congreso –cuestionable desde toda interpretación constitucional-, cuesta creerlo pues proviene de las palabras de un ícono que es líder en la defensa de las libertades políticas y económicas, no sólo en latinoamericana sino también en el viejo continente.

¿Acaso el novelista se olvidó de aquella famosa intervención que dio en suelo charro en el año 1990, en un debate televisado con los principales intelectuales mexicanos -incluido el Premio Nobel Octavio Paz-, a quienes en su propia tierra les dijo que su país constituía un genuino modelo de dictadura perfecta?

Dicha frase se hizo popular entre los círculos académicos y, desde entonces, el modelo político mexicano fue tomado como una peculiar forma de dictadura camuflada –o dictablanda-, en la que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) en medio de una sociedad con prensa, oposición, instituciones y sin reelección presidencial pero con un extenso período de seis años, se las arreglaba para ganar las elecciones –hegemónicamente durante gran parte del siglo XX-, aparentando una democracia formal cuando en el fondo se tejía una dictadura imperceptible (democradura).

La idea central de aquella magistral intervención de MVLL era la de que no se le podía exonerar a México de la tradición dictatorial latinoamericana, dado que en dicho país en realidad se llegó a configurar una peculiar forma de dictadura en medio de la continuidad en el poder del PRI, partido que reclutó a intelectuales de una retórica de izquierda que lo justificasen, y a quienes inclusive pedía una posición crítica a su gestión con el propósito de aparentar elementos democráticos y así garantizar su permanencia hegemónica.

Hoy, en medio de la actual crisis política, muchos creen que no se han quebrado ni el equilibrio de poderes ni el orden constitucional y democrático con la disolución del Congreso, por cuanto las demás instituciones del Estado funcionan normalmente, la prensa informa, los especialistas opinan, los tanques no han salido a las calles, y más bien se ha convocado a elecciones parlamentarias para enero del 2020. Pero ¿no es que acaso Vizcarra y su gobierno han imitado al modelo mexicano de dictadura perfecta haciéndonos creer que la democracia funciona?

No quiero pensar que lo que realmente haya impulsado al Premio Nobel de Literatura 2010 a realizar dichas declaraciones sea su antifujimorismo que normalmente está a flor de piel. Avaló a Toledo, Humala y a PPK, movido principalmente por dicho sentimiento. Hoy, los ánimos de muchos se encuentran exacerbados, asumiendo posiciones radicales anti o pro de algo. El Perú se debate en medio de una confrontación que lleva poco menos de treinta años: la suscitada entre los profujimoristas y los antifujimoristas. Son la necedad y la intolerancia de ambos bandos las que nos han descarrilado de los rieles de la institucionalidad.

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