Hoy se realiza el tradicional “Barrido” en el santuario de la Virgen del Rosario de Yauca

Desde aquel lejano 3 de octubre de 1703, cuando hizo su milagrosa aparición la Virgen del Rosario de Yauca, la fe católica de Ica hacia esa santa imagen fue creciendo con el correr de los años y la anual presencia a su templo se hizo multitudinaria. La majestuosidad de su angelical rostro fue uno de los motivos principales para su veneración por parte del pueblo iqueño.

Hoy, después de más de trescientos años, su imagen milagrosa aún nos ilumina en el trajinar de nuestras vidas. Si bien el mundo viene evolucionando vertiginosamente y la nueva tecnología va acaparando el quehacer diario de nuestros descendientes, las tradiciones que antes nos llenaban de orgullo, lamentablemente se van perdiendo en el olvido y los iqueños que aún sentimos en nuestros corazones ese amor a nuestras venerables imágenes, como la santísima Virgen del Rosario de Yauca y nuestro bien amado Señor de Luren, debemos luchar para que eso no suceda.

Hoy, viernes, 27 de setiembre, se inicia el peregrinaje hacia el templo de Yauca con motivo del tradicional “Barrido” que marca el inicio de las festividades en honor a nuestra santa patrona, la Virgen del Rosario de Yauca cuyo día central es el primer domingo del mes de octubre. Este año será el domingo 6.

Los que en la actualidad estamos ya en la ancianidad, pasando los 80 años de edad, aún queda en nosotros el recuerdo de aquellos años cuando nuestros padres nos llevaban a esas festividades. Lamentablemente vemos con mucha tristeza y pena que nuestras tradiciones van perdiendo originalidad con el paso de los años. Algunos cambios que no han sido los más adecuados están contribuyendo a que nuestras tradiciones vayan perdiendo esa solemnidad que antes las caracterizaban.

Antaño el peregrinaje al “Barrido” se iniciaba a medio día. Cientos de feligreses de la ciudad, provistos de sus escobas de paja o escobas de palmeras, a pie, enrumbaban hacia el templo. En esos años, los peregrinos al hacer su arribo escuchaban la primera misa a las 4.00 p.m. Conforme iban llegando, los padres Carmelitas seguían ofreciendo las misas que duraban hasta casi la media noche.

Recién, a partir de la medianoche se daban las indicaciones para iniciar el “solemne barrido” que consistía en barrer y regar todo el contorno del templo, que en aquellos años era pura tierra y arena. Provistos de unas bolsitas de papel, las mujeres se turnaban para recoger la basura. El aseo del templo estaba a cargo de damas de la sociedad de aquel entonces y todas ellas se multiplicaban para que el templo luciera lo mejor posible. Esta noble tarea del pueblo iqueño duraba casi hasta el amanecer.

Hoy en día, todo ha cambiado. Ya no se espera a las 12 de la noche para iniciar el “barrido”. En la actualidad, apenas hacen su arribo a Yauca, los peregrinos de inmediato se ponen a barrer el lugar que ellos escojan o que más le “convenga”. Antes, el frontis del Templo era una pampa y el “barrido” era más sacrificado. La diferencia es que hoy existe una plazuela con veredas de material noble y hay muy poco por barrer. Inclusive, antaño el “barrido” se extendía hasta el cementerio que estaba ubicado a la espalda del templo. Esa zona también ha desaparecido y ahora existe un bulevar que sirve para que la feligresía descanse.

También ha desaparecido la presencia de la Colonia China, cuyos integrantes llegaban a Yauca portando cientos de cajas de cohetecillos que hacían explotar en las misas nocturnas provocando un ambiente de fiesta religiosa. Y qué decir de las vivanderas. En esos tiempos no existía mucha movilidad y algunas de ellas tenían que transportar su mercadería a lomo de bestia.

Las sagradas “promesas” que antes se hacían ya han desaparecido por completo. Esas “promesas de ir a Yauca con los pies descalzos” hace mucho tiempo que pasaron al olvido. Las nuevas generaciones carecen de ese sentimiento católico que antes era nuestro mayor orgullo y que distinguía al pueblo de Ica. Es triste reconocerlo, pero es la pura y triste realidad. La evolución mundial arrastra a la mayoría de nuestros jóvenes a un nuevo mundo en donde prevalecerá la ciencia. Es algo inevitable. Los que vivimos ya en los “descuentos” no estaremos para ver ese cambio, pero mientras estemos con vida, no nos cansaremos de luchar por nuestras tradiciones. Nuestros hijos y nuestros nietos quedarán con el legado de seguir luchando para que las tradiciones que tanto prestigiaron al pueblo de Ica sigan vigentes por siempre.


Por José Luján Loza

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