UN PUNTO DE VISTA : Propiedad y mercado para la Amazonía por Raúl Bravo Sender

Existe una gran preocupación por los incendios forestales que vienen desatándose en la Amazonía. Cadenas de oraciones y plegarias se han elevado para que se apaguen. Sin embargo, con buenas intenciones no se solucionará. Necesitamos decisiones audaces y, sobre todo, acciones.

¿De quién es la Amazonía? De todos, es decir, de nadie. Y como no es de alguien en particular, nadie se preocupa. Si fuera de propiedad de un privado, éste lo haría, internalizando los costos y beneficios de su mantenimiento y preservación.

La propiedad privada hace racionales y responsables a las personas. El propietario de algo tiene el incentivo para invertir y planificar la maximización del escaso recurso. Y por medio de los intercambios que se producen en el mercado, se les asignan distintas valoraciones y utilidades a las cosas.

Aquel que más valore y les asigne una mejor utilidad a los bienes, será el propietario. De esta manera se producen los contratos. Un sistema capitalista no podría funcionar sin el reconocimiento y la garantía legal, tanto a la propiedad privada como a los acuerdos.

Pero la propiedad también nos hace libres. En el afán de conservar nuestros bienes, ajustamos nuestros comportamientos a una racionalidad basada en el ensayo – error, y que es el sustento de la responsabilidad. En ese proceso ganamos libertad.

En materia de recursos minerales se reproduce la misma tragedia. Un sistema corrupto y cortesano heredado del régimen colonial, mediante el cual se obtienen concesiones de manera dudosa, chocando con los derechos de terceros.

En el Perú existe una alta conflictividad social entre los derechos de concesión minera y los derechos de las comunidades campesinas y nativas. Si hacemos propietarios de los recursos del subsuelo por accesión a las comunidades, éstas los negociarían con quien esté dispuesto a pagar más.

Se reducirían significativamente los índices de corrupción generados por los poco transparentes procesos de otorgamiento y negociación de concesiones celebrados con el Estado, dado que las comunidades entablarían relaciones directas con los interesados.

La Amazonía está allí, frente a nuestras narices, y somos incapaces de aprovecharla. Ello obedece a una precaria institucionalidad que nos condena a mendigarle una porción de riqueza al Estado (titular de los recursos), es decir, al gobierno de turno.

Un sistema de propiedad privada sobre los recursos naturales nos permitiría a los peruanos sacar un mejor provecho. Gracias al régimen de competencia se premiaría a la eficiencia en su racional explotación. Pues es un crimen desperdiciarlos sabiendo que son escasos.


rantoniobravo@hotmail.com

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