El lavado de activos desde un acuerdo plenario por Alfonso Dávila Valenzuela

A diferencia de los delitos clásicos, como el hurto y el homicidio, cuyos antecedentes se remontan hasta la época romana, los antecedentes normativos del lavado de activos son relativamente más difíciles de precisar. Puede considerarse que existen indicios de los orígenes del lavado de activos en la prohibición de usura por parte de la Iglesia Católica en la Edad Media; asimismo, también puede hallarse un antecedente en la prohibición del contrabando de bebidas alcohólicas, el juego y la prostitución en la década de 1920 en los Estados Unidos.

Uno de los casos emblemáticos de esa época fue el caso de “Al Capone” unos de los gánsteres más importantes de ese entonces, quien aprovechó la “ley seca” para traficar bebidas alcohólicas y así incrementar sus ingresos económicos, lo que -a su vez- sirvió para cimentar el moderno crimen organizado en los Estados Unidos de Norteamérica. El gobierno de Estados Unidos inició juicio en contra de AL Capone por posesión de armas, falsedad de declaraciones y otros cargos, y por fin el 16 de junio de 1931 fue declarado culpable por los cargos de evasión fiscal y venta ilícita de alcohol. La detención de Al Copone preocupó a las demás mafias de ese entonces, por lo que, posteriormente para evitar verse investigados, desarrollaron nuevas estrategias empresariales e idearon el sistema de las lavanderías automáticas en las que se debía introducir una moneda para el lavado de la ropa, con dicha medida se pretendían ocultar sus ganancias ilícitas, evitando las declaraciones fiscales. Sin duda, ante la imposibilidad de declarar el número de lavados, las lavanderías proliferaron en los Estados unidos. (“El delito precedente en el delito de Lavado de Activos, Págs. 21 y 22, JOSE PARIONA PASTRANA”).

Desde ese tiempo hasta la fecha, las organizaciones criminales han experimentado muchas formas de cómo cubrir sus ganancias ilícitas. En Brasil donde apareció Lava Jato, que involucró a funcionarios peruanos y otros países de América Latina (este es un tema que algún día comentaré, pero no comentaré nunca sobre los magistrados involucrados, comentaré del delito como tal y que sirva a los jóvenes abogados del Perú como ejemplo que nunca deben pisar el lado oscuro).

En el Derecho Penal colombiano, el lavado de activos tambien se incluye entre los delitos contra el orden económico social (art 323 a 325 del código penal). La doctrina ha asumido posiciones similares a las debatidas en España como se aprecia en la propuesta hermenéutica sostenida por Hernandez Quinteros “(…)” es preciso concluir que el delito de lavados de activos es quizá uno de los comportamientos que con mayor vehemencia vulnera el orden económico social de un país, al punto que distorsiona la economía generada problemas de inflación, devaluación, revaluación y la conocida por algunos como la enfermedad holandesa, que no es más que el fenómeno que se produce en el país cuando se presenta, en forma simultánea, una elevada inflación acompañada de un proceso de marcada recesión en el nivel de la actividad económica” (cfr HERNÁNDEZ QUINTERO, HERNANDO, el lavado de activos, 2º ed, Santa Fe de Bogota: Ediciones Jurídicas Gustavo Ibañes, 1997, p 94).

Incluso en otros sistemas jurídicos, donde se ubica al delito de lavado de activos en conexión con otros bienes jurídicos diferentes, como la salud pública debido a su tradicional vinculación con el delito de tráfico ilícito de drogas, los especialistas tambien tienden a considerar la protección de bienes jurídicos específicos y propios de la actividad económica.

En tal sentido, Langon Cuñarro, comentando la legislación uruguaya de la materia, señala. “Se ha discutido intensamente sobre cuál es el bien jurídico protegido por esta y la otra forma de legislación de activos, siendo evidente que no puede sostenerse que lo que se protege es la salud pública, que solo vendría a ser, en el mejor de los casos, un interés apenas indirectamente protegido, como puede serlo cualquier otro en general. En realidad la disputa se reduce a considerar si se protege la administración de justicia (por su evidente parentesco con el delito de encubrimiento y receptación) o el orden socio económico del Estado. Yo adhiero a esta segunda posición, por lo cual estrictamente las figuras deberían estudiarse sistemáticamente, entre aquellas que afectan la economía y la hacienda pública (título IX del CP) dejándolos aquí solo por tradición y para permitir una lectura más orgánica de la ley que las contiene, que es la que prevé los delitos contra el tráfico ilícito de drogas, que si afectan la salud pública (cfr LANGON CUÑARRO, MIGUEL, Código Penal, t II, Montevideo, Universidad de Montevideo. 2004, p 272).

Como podemos apreciar, diversos autores coinciden en que el lavado de activos está cerca al tráfico ilícito de drogas por el dinero rápido que obtienen las organizaciones criminales olvidándose del daño que hacen a la salud de los pueblos; pero este delito, como tal, involucra el algunas ocasiones a los administradores de justicia (jueces, fiscales) como tambien abogados, es decir el poder del dinero mal habido está invadiendo el orden de la administración de justicia. El orden de la economía de los países y la corrupción en todos los niveles, hacer una reingeniería desde el Congreso, Poder Judicial, Ministerio Público gobiernos regionales y locales, es el grito desesperado del peruano de a pie, el hombre que toda su vida trabajará 12 horas y verá morir a sus hijos en el hospital del pueblo, que nunca saldrá ni él ni sus hijos. Hace unos días escuche a una serumista de medicina que deberían todos los funcionarios públicos de alto nivel y por elección hacer un año de servicio social y conocer la necesidad del verdadero Perú.

Hace mucho tiempo concluí un artículo escribiendo como un joven enamorado de 16 años y creo que a mis 52 años aún estoy enamorado  y mis recuerdos siguen siendo los más hermosos. “Cuántas satisfacciones nos ha dado el Derecho, pero tambien cuantos sinsabores, cuantas amanecidas devorando un Código, haciendo una teoría del caso, arrepentidos por no haber escuchado con atención al maestro Manuel Atienza, o no haberle preguntado al maestro Neyra Flores, pero tambien recordamos esas noches de estrellas con el ruido de las olas  compartiendo un sinnúmero de besos y caricias en el mar de Acapulco inspirados por la dulzura de ese cabello negro de piel bronceada de olor a eternidad el amor”

Señor editor he cumplido.