CÍVICA contra la corrupción, el maltrato y la inoperancia del Estado por Fernando Cillóniz B.

Los corruptos saben que son corruptos. ¡No nos vengan con cuentos! Los presidentes, ministros, empresarios… todos los involucrados en el caso Lava Jato sabían que le estaban robando al Estado. Igualmente, los congresistas, gobernadores, alcaldes, regidores, empresarios… todos los involucrados en los casos de corrupción que aparecen todos los días en la prensa, saben que han delinquido penalmente. Las coimas… coimas son. Aquí… y en la China.

Pero la historia no acaba ahí. Los jueces, fiscales, políticos, empresarios… todos los involucrados en el caso de los Cuellos Blancos sabían que estaban violando –descaradamente– los principios de veracidad, justicia y bien.

Y lo mismo sucede más abajo en la jerarquía del Estado. Por ejemplo… ¿qué pueden pensar –de su accionar– los médicos que abandonan los hospitales? ¿Y los mafiosos que trafican con terrenos, brevetes, títulos académicos, o licencias de construcción? ¿Acaso los municipales o policías coimeros no saben que están violando la ley cuando cobran cupos a vendedores ambulantes? ¿Qué decir del tremendo rabo de paja que arrastran los periodistas que calumnian –sin escrúpulos– para ver quién cede a sus chantajes? Como dice la canción de Los Nosequién y Los Nosecuántos… “y total, corrupción hay en todos lados”.

Lo curioso es que muchos corruptos niegan ser corruptos. Incluso les gusta fungir de santurrones. Preconizan a los cuatro vientos su “profunda” religiosidad. ¡Su cinismo no tiene límites! Muchos pertenecen a hermandades religiosas. El Señor de los Milagros tiene miles de fieles corruptos. El Señor de Luren de Ica, igual. Pobres virgencitas. ¡Tener que soportar a tantos sinvergüenzas infiltrados en sus feligresías! 

Todos los años, en Semana Santa, entran en trance. En octubre se visten de morado. Incluso cargan andas. Sus conciencias están llenas de remordimientos, pero conviven con ellas como si nada. Sin embargo, nada los exime de sus pecados mortales. El gran Basadre los describió con mucho acierto. Los llamó… podridos.

Ahora bien. El problema es que la corrupción no es –sólo– una afrenta, una vergüenza, o un deshonor. La corrupción es mucho más que un descaro moral. La corrupción es –sobre todo– una pesada e injusta carga para la población civil. Por eso hay que combatirla con firmeza y valentía. Dado que el Estado no puede con la corrupción o, peor aún, dado que el Estado está coludido con ella, tenemos que hacerle frente… desde la ciudadanía. ¡No queda otra!

Para ello ha sido creada CÍVICA… La Asociación Cívica por el Perú (www.civica.pe). Una asociación de personas destinada a monitorear los servicios que debe brindar el Estado de manera idónea y cordial. CÍVICA también ha sido creada para denunciar actos de corrupción, sobre todo aquellos que afectan directamente a la ciudadanía. Incluidas las faltas que el Estado suele dejar pasar… por falta de autoridad, indolencia, inoperancia, o –simplemente– por corrupción.

¡Caerán los que tengan que caer! Los de arriba, los del medio, y los de abajo. Los inoperantes que están de más en el Estado. Los abusivos que maltratan a la ciudadanía… cruelmente. Y los corruptos que le roban al Estado… descaradamente.

¡Insurgencia civil contra el Estado inoperante, maltratador y corrupto! Ese es el llamamiento de CÍVICA a la ciudadanía. Yo, Fernando Cillóniz, me aúno a ello.


Ica, 22 de febrero de 2019