Despotismo –y tiranía– de Estado por Fernando Cillóniz B.

Podría parecer exagerado… pero no. “Despotismo” –según la Real Academia Española (RAE)– significa “abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas”. Y “déspota” significa “persona que trata con dureza a sus subordinados y abusa de su poder o autoridad”.

De la misma manera “tirano” significa “persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza”. O sea, déspota o tirano… son la misma cosa.

Con esas definiciones en mente, vayamos a nuestra realidad… y preguntémonos. ¿Cómo se les debería llamar a aquellos funcionarios públicos que –abusando de su poder– maltratan a los ciudadanos? ¿Acaso –de acuerdo con la RAE– no son unos déspotas o tiranos? ¡Claro que sí!

En realidad… déspotas y tiranos existieron toda la vida. Recordemos la tiranía que vivió Jesús de Nazaret en los tiempos del Rey Herodes y Poncio Pilato.

Jesús estuvo en contra de la tiranía de los romanos. Sin embargo, también estuvo en contra de los abusos y maltratos de las autoridades políticas del mismo pueblo de Israel.

Efectivamente, muchas autoridades judías imponían cargas pesadas a sus propios conciudadanos… “desasistiéndolos y arrojándolos a la pobreza, impotencia y desesperanza”. A esos funcionarios abusivos Jesús los llamó “ladrones y bandidos asalariados”.

Entonces, volvamos a preguntarnos. ¿Acaso el Estado peruano –el de nuestro tiempo– no está lleno de “ladrones y bandidos asalariados”? ¿Acaso no hay médicos que abandonan los hospitales y “desasisten” a sus pacientes? ¿Cuántos funcionarios maltratan a los ciudadanos “arrojándolos a la pobreza, impotencia y desesperanza”? ¿Cómo llamar a los coimeros que trafican con los brevetes? ¿Y los que venden cargos públicos como si fueran de su propiedad? ¿Cómo calificar a los que ingresan a trabajar en el Estado con certificados de estudios falsos? ¿Cómo llamar a los “diezmeros” que negocian con las obras públicas? ¿Y los que rinden cuentas de viáticos con facturas falsas? ¿Acaso no son –todos– unos reverendos “ladrones y bandidos asalariados”?

Sí pues… estamos llenos de déspotas y tiranos. ¿Qué preconizaba Jesús a ese respecto? “Ningún funcionario público está para ser servido, sino para servir”. Eso decía Jesús. En ese sentido –valgan verdades– hay autoridades honestas y serviciales que merecen nuestro reconocimiento y gratitud. Pero no me estoy refiriendo a ellos. Me estoy refiriendo a los “ladrones y bandidos asalariados”. Aquellos que vociferan “purito corazón” pero que, en realidad, son “purita corrupción”. Esos que dicen “estamos para servir y no para ser servidos”, pero coimean a diestra y siniestra para recuperar sus gastos de campaña. Aquellos que dicen ser “un gobierno con rostro humano”, pero que –en la práctica– son “un gobierno con rostro de aportantes del partido”.

¡Cuidado con esos lobos disfrazados de cucufatos! Felizmente –en ese sentido– las cosas están cambiando. La ciudadanía empoderada está poniendo en su sitio a los peces gordos de la corrupción en nuestro país… presidentes, ministros, jueces, fiscales, congresistas, empresarios, y otros más.

Ahora falta que funcionarios corruptos –de menor jerarquía– reciban también su merecido. Me refiero a los que abusan de su poder y maltratan a los ciudadanos de a pie. No serán los peces gordos que salen en primeras planas… pero –igual– son unas lacras.

¡No a la tiranía –o despotismo– de Estado! ¡No a la corrupción! ¡Fuera los “ladrones y bandidos asalariados”!

CILLONIZ.PE

Ica, 8 de febrero de 2019

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