COLUMNA DE JOSUÉ LANCHO ROJAS – Víctor Tataje Carrizales – “Garza”

Cada pueblo posee sus propios personajes pintorescos que marcan un hito entre todos los habitantes, por lo que todos aquellos que nos dedicamos a escribir historia no podemos excluirlos de ninguna manera de nuestros relatos o reseñas. Uno de ellos fue sin lugar a dudas nuestro dilecto amigo Víctor Tataje Carrizales, recientemente fallecido, a quien todos los nasqueños lo conocimos como “Garza”, apelativo que se lo ganó desde niño por ser espigado y larguirucho de piernas.
Por esas razones, hoy cojo mi pluma y, embriagado aun por la nostalgia que nos produce su desaparición, empiezo a desandar sus pasos por todos esos rincones en que Garza supo desplazarse en esta nuestra tierra, como pez en el agua.

Víctor Tataje fue, indiscutiblemente, todo un personaje que jamás desaparecerá de la memoria colectiva de Nasca, sino veamos por qué: ¿Acaso habrá algún viejo nasqueño que no recuerde a ese zambito patilargo y flaco, que con su overol desteñido acudía todos los días a lustrar zapatos para ayudar a llenar la olla en la casa materna?, pero con la diferencia que “Garza” pertenecía a esa generación de verdaderos lustrabotas, de aquellos de cajón, escobilla, salibita y trapo, que dejaban los zapatos como espejo, de aquellos que tenían sus propios clientes en las bancas de la Plaza de Armas.
¿Acaso algún nasqueño de antes, no recordará a “Garza” remendando nuestros viejos chimpunes de puente o cocos (que hoy llamamos toperoles), destrozados en las canchas polvorientas y empedradas de las chacras?… ¿Acaso habrá algún palomilla que no haya llevado a la casa de “Garza”, su pelota -de cuero arequipeño- para que le remiende un paño roto, o le parche el blader y la pichina?.
“Garza”, siendo aún un niño llegó desde su natal Ica a vivir en este pueblo, en la casa del abuelo de otro personaje inolvidable como lo fue Alejandro Seminario, el popular “Picoreta”, quien le enseñó el oficio de remendar pelotas de futbol y ser su hincha y mascota, cuando “Picoreta” era el arquero inamovible del Club “Defensor Zarumilla”. De tanto verlo tapar a su jefe, le fue gustando el puesto de guardapiolas y así debutó en el Club Deportivo Madeiras, para pasar posteriormente a los clubes Sport Boys, Atlético Tigre y colgar los chimpunes, años después, tapando por el Club Jorge Chávez.
Sus actuaciones bajo los tres palos eran impredecibles, porque su hinchada bien se podía poner de pie para aplaudirlo después de haber atajado espectacularmente un penal, como también podía pifiarlo por haberse dejado meter un gol muy fácil de tapar, pero aun así él seguía siendo el “Garza” de siempre y punto. Sus ídolos fueron el arquero brasileño Manga, los peruanos Rigoberto Felandro y José Gonzales Ganoza, a quienes imitaba hasta en el uniforme deportivo.
Tanto le gustó el futbol que de arquero pasó inmediatamente a ser árbitro de cancha, asistió a cursillos departamentales y obtuvo su carnet de la FPAP; así, vestido de negro desfiló por canchas del departamento y otras regiones arbitrando la Copa Perú. Él perteneció a la generación que integraban Víctor “Chiquín” Bertolotti y Adán Montoya, quienes iban reemplazando a sus antecesores como Diosdado Rivas,”Puntiaco” Pineda, entre otros más. Pero siempre “Garza” se distinguía en el campo, porque así como podía estar de un solo tranco entre un área y otra, y cobrar una falta exacta, también a veces se olvidaba del reglamento en su casa y se armaba la trifulca en la tribuna, pero siempre su figura, espigada y erguida con su uniforme negro, destacaba en las canchas de futbol.
Hemos repetido que “Garza” era extraordinario y multifacético, ya que fue actor principal de mil oficios, porque, al margen de haber sido lustrabotas, canillita, zapatero, talabartero, jugador y árbitro de fútbol, también incursionó en la música tropical como integrante de orquestas nasqueñas como la “Tropical Boys” y “Armony Club” del maestro Neciosup´; asimismo integró los conjuntos de “Maguila y sus Topos”, época en que le dedicaron “La cumbia de la Garza”, grabado por el sello Virrey en el año 1972. ¿Qué muchacho de ayer no ha bailado al compás de “Los Bemoles” o “Los Shimar”, en los que “Garza” era el rey del huiro o la tumba?.
En lo que respecta a la moda, “Garza” siempre marcó la hora vistiendo sus camisas multicolores al estilo hawaiano, complementadas con su pantalón y zapatos blancos, su gorrito a lo Beni Moré y sus gafas negras de monturas llamativas; así era nuestro personaje, el único, porque no había otro que se atreviera a vestirse igual que él. Igualmente “Garza” era incansable en su vida cotidiana, ya que siendo un correcto empleado de la municipalidad de Nasca, fue fundador del comité organizador y luego fundador de la Compañía de Bomberos Voluntarios N°82 de Nasca, donde alcanzó el grado de teniente brigadier y comandante de dicha Compañía, entre los años 2003 y 2005.
¿Quién no recuerda a nuestro personaje montado en su bicicleta recorriendo las casas para cobrar los arbitrios municipales con su sonrisa en la boca?…¿Quién no lo recuerda llevando la ropa impecable lavada en su casa a diferentes domicilios?…¿Quién no lo recuerda en medio de sus entrañables compañeros de trabajo, riéndose cuando le tomaban el pelo y le creaban las famosas “garzadas”, humoradas que algún día nos ocuparemos de ellas?.
En fin, se nos fue un gran amigo, un ícono del pueblo, cuya espigada figura y sonrisa fácil extrañaremos por siempre.

Adiós “Garza”, sigue marcando historia allá en el cielo, vestido con tu túnica blanco-brillante, haciendo reír a San Pedro y haciendo bailar a los ángeles.

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