COLUMNA DEL CONDE CAUCATO : Don Tomas de Aguilar: eximio artesano virreinal nasqueño

Amable lector:

En noviembre de 2016 tuvimos la fortuna de encontrar en viejos archivos sobre arquitectura religiosa de Lima Virreinal, a don Tomás Aguilar, destacadísimo nasqueño que nadie conocía. Entonces publicamos un artículo haciendo de conocimiento público el hallazgo y ofreciendo algunos detalles de intensa actividad artesanal.                                                                            

Nacido en Nasca, en 1596, emigró muy joven a la capital, dedicándose a la carpintería. Tuvo suerte de trabajar como ayudante en el taller del conocido don Pedro de Avilés. Al parecer, allí se especializó como “ensamblador” de retablos, actividad de gran demanda y en la que se forjó un nombre propio, llegando a alternar y concertar (contratar) con los más grandes escultores y retablistas de la época.

Además, tuvo el tino y acierto de abrir su propio taller, lo cual constituía distinción y hasta garantía para los clientes. Los más renombrados estudiosos sobre arquitectura colonial han convenido y concordado que nuestro paisano pertenece a una generación de retablistas, ensambladores, escultores, etc., que han sentado una escuela propia, criolla, a despecho de los patrones que establecieron los grandes maestros foráneos: “para el investigador Antonio San Cristóbal, el ensamblador Tomás de Aguilar forma parte de la primera generación de artífices locales especializados en el ensamblaje, con un lenguaje retablístico propio”

“La narración de la historia de los retablos virreinales en Lima, que aspire a ser completa y confiable, no puede dejar de incorporar los retablos labrados por la generación de los ensambladores criollos Mateo de Tovar, Tomás de Aguilar y Juan Coronado…”

“Los retablos-sepulcro fueron menos numerosos que los simples retablos de culto. Según la información hasta ahora acopiada, Tomás de Aguilar y Mateo de Tovar ensamblaron cada uno tres retablos-sepulcros”

“La concordancia en cuanto al diseño entre los retablos-sepulcros labrados por Tovar y Aguilar, y los retablos de culto limeños posteriores, explica desde dentro de la propia escuela retablista limeña la evolución continua de los retablos entre las dos mitades del siglo XVII…”

Nuestro paisano contrató e intervino en notables obras. Por razones de espacio periodístico solo mencionaremos algunas:

19 noviembre 1627: trabajó conjuntamente con don Pedro Muñoz Alvarado, un retablo con la historia de la Santísima Trinidad rodeado de 12 figuras de santos, en relieve.

01 de abril de 1628: Con el mismo Muñoz, concertó otro retablo de Nuestra Señora de la Concepción, con figuras de serafines, de cuatro santos y de niños.

En 1632, concertó otro sonado proyecto: el sepulcro de doña Inés Muñoz de Rivera, primera dama arribada con los conquistadores, esposa de Martín Alcántara, hermano materno de Francisco Pizarro.

20 de febrero de 1636, nuevamente, ambos artistas concertaron con el famoso “Padre Urraca”, para la iglesia de la Merced (Lima) un retablo con la historia de la Santísima Trinidad coronando a la Virgen y, además, ángeles y serafines y dos medios cuerpos de frailes. El conjunto incluía un Cristo crucificado y, encima de su cabeza, el Espíritu Santo en forma de paloma; y además nubes. Invitamos a nuestros paisanos e iqueños, a observar esta obra.

Paréntesis hacemos para señalar y enfatizar que Muñoz esculpió la imagen de la Virgen de Guadalupe para el convento de San Francisco de Ica, el 17 de diciembre de 1632. Y también una escultura en bulto de Santa Isabel de Hungría, el día 11 de mayo de 1635.

El 27 de abril de 1638, don Tomás concertó uno de sus más célebres contratos: diseñó y construyó –en sociedad con el escultor Francisco Lobo- el retablo-sepulcro de quien fuera arzobispo de Lima, don Fernando Arias de Ugarte, para la Capilla del Sagrario de la Catedral. Lamentablemente, y por una mal entendida “remodelación” de la Catedral, esta obra se ha perdido para siempre.

Hasta donde sabemos, su último contrato conocido fue el 26 de junio de 1640, con doña Mariana Ponce de León, viuda de Melchor Malo de Molina, primer Conde de Monterrico y Alguacil Mayor de la Ciudad. Obra trabajada con el escultor Pedro Noguera y que consistía en un retablo-sepulcro y la estatua del difunto, en madera, en tamaño natural.

Inmenso mérito tuvo don Tomás de realizar tales obras y otras más, y también de confeccionar unas “tablas” que eran parte del sepulcro de Francisco Pizarro. Continuaremos hurgando hasta hallar y observar “in situ” sus obras, como otras que hizo en el templo convertido en Panteón de los Próceres (Parque Universitario) y también en la Iglesia San Marcelo. Además, nos comprometemos a obtener el ilustrativo texto del contrato para el sepulcro del arzobispo Arias de Ugarte y el documento del litigio que planteó ante el Cabildo de Lima, al parecer por falta de pago por dicha obra realizada.

Compartimos, amable lector, gracias a “La Opinión”, el diario que ofrece cultura, nuestra inmensa satisfacción por haber descubierto la figura de gran talla de este excepcional nasqueño, otro motivo más de orgullo para nuestro amado pueblo.

Fallecido en 1666, don Tomás de Aguilar debió conocer al beato San Martín de Porres (1579-1639) y a otro destacado nasqueño, don Juan de Padilla Pastrana (1596-1678), Alcalde del Crimen de la Audiencia de Lima, contemporáneo suyo y del cual también hemos publicado.

condechaucato@yahoo.es

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