Columna de JOSÉ RAMOS : Ferdinando García Flores: A once años de su ausencia

        ” Hoy de nuevo al llegar 

cansado de la lid 

a los nuevos bohemios les entrego mi pendón 

para que lo conserven y siempre hagan flamear 

celoso de su barrio y de su tradición…” 

 

    “De vuelta al Barrio”:

Felipe Pinglo Alva

 

 

Fue un 03 de diciembre de aquel año 2006.

11 años de ausencia física.

11 años de la esquina de Bolívar y Camaná, (todavía) en silencio, pero que se siente la presencia de nuestro querido Ferdinando, o simplemente “Pluto”, como todos le llamábamos.

¿Pero habrá alguna o varias diferencias entre un nombre o un apelativo muy familiar? ¿Ustedes qué dicen?

¿Si al final se trata de una misma persona?

Díganme, ¿Pluto venció a Ferdinando? o ¿Ferdinando es igual a Pluto?

Dicen que el estilo es al hombre como Ferdinando García Flores es a “PLUTO”. ¡Quién podría discutirlo!

Pero, ¿cómo quieren ustedes definirlo, llamarlo o simplemente recordarlo?

Se le recuerda parado en su esquina de las calles Bolívar y Camaná esperando ver pasar a cuantos amigos conocía para brindarle el saludo que solamente él podía expresar. O quizás verlo frente a su televisor apreciando y comentando un partido de fútbol o básquet, regocijándose en cada jugada y comentada en su propio estilo conocido por todos.

Es que la vida en este barrio sin su presencia trasciende cada vez cuando la esquina se convertía en el punto de encuentro de todas las generaciones que la han transitado con esa rara, pero rara, virtud que tienen muy pocos hombres que ya son parte de la historia de Ica, virtud escogida no por ellos pero si destacada en ellos, que supieron definir una personalidad basada en la historia de Ica, en su cultura, en sus costumbres tradicionales, en sus instituciones, en sus paisajes naturales, en sus valles agrícolas, en la personalidad de un barrio con sus esquinas y con su club característico y, sobre todo, bien compartida y respetada con todos los amigos de todos los barrios.

Cuántos recuerdos, cuántos pensamientos, cuántos acontecimientos, cuántas anécdotas compartidas con los que ya no están físicamente, pero al fin recordados para que no se queden en el olvido.

Si quisiéramos detener el tiempo bastaría  mencionar a dos grandes equipos de fútbol que fueron su pasión: el Centro Iqueño -de sus amores- y el Octavio Espinosa -los negros de la calle Paita- como también su querido Unión Edén, el equipo de básquet que fue su vida y por el que se desveló.

Hoy sus amigos marcharán llevando su respectiva agua blanca (que pisco también le llaman) en una mano y el vaso en el bolsillo, y en la otra mano el respectivo ramito de flores para dialogar y comentar “algo” más con él.

Hoy, a once años de su ausencia, somos depositarios de esa generación que ya no está pero que siempre está  y estará cada vez que se transite por una “esquina”, la de Bolívar y Camaná, o simplemente: ¡la esquina de Pluto!

 

 

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